Verdaderamente un gran pasión amorosa conlleva una dualidad entre lo
cognitivo (lo racional) y lo emocional (lo sentimiental). Y todo ello
viene mediatizado por una dialéctica pocas veces coincidiente
entre el mundo de los sueños y los deseos, y el mundo de la realidad.
El resultado puede ser doloroso y hasta trágico en ocasiones. Pero, a
pesar de ello, siempre merece la pena el intento de consumación de dicha
pulsión.
Más vale vivir un fugaz período de irracional
enamoramiento y de catarsis de los sentidos, que una interminable hilera
de años, meses, semanas, días, minutos... impregnada de racionalidad,
represión y autocensura del instinto más esencial del ser humano: el
EROS. La pasividad siempre conduce una tediosa nada cotidiana.
Mario Bronte

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