por mis ojos,
por mis poros,
por mi boca,
cuerpo de fúlgida blancura.
Soy caníbal impío
que desea devorarte,
poseerte,
consumarte,
consumirte
en interminable indigestión.
Ahora,
limpio de otro deseo,
tu soledad también es mía
y también viceversa.
La luz ya no me remuerde.
Hasta los dioses me hablan
desde el silencio y la bruma.
Hoy creo en ellos por primera vez.
MARIO BRONTE
(Derechos reservados)

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