jueves, 26 de diciembre de 2013

AMOR CREPUSCULAR

Mi amor crepuscular enrojece y escapa con el viento que no vuelve.
Encadenado fui ayer a tus senos, manzanas del edén,
pero la libertad de ser es hoy una perla perdida en la nieve,
una lágrima arrastrada por el torrente del tiempo.
Mis brazos de enredadera trepando por tu cuerpo
son ahora roca envuelta en velo funerario.
Atenazada estuvo mi boca a tus labios de miel y madreselva,
y ahora es guarida melancólica de placeres interrumpidos.
El amor muere pero el deseo permanece cruelmente vivo.
Tras el goce de los sentido sólo resta
la despreciable espiritualidad, meretriz cortesana
que se vende barata al mejor postor,
y que insaciable todo lo consume y devora;
el mapa sin destino de las calles
de un prefabricado cielo interior sin tacto.
¡Ay despótico universo de silencio interminable,
demiurgo del mal que siempre prevalece!
Hoy amarillean y caen las hojas
sobre la carne doliente día a día.
¿De quién los ojos que ya no ven?
¿De quién el tacto perdido de las copas?
Qué difícil la ecuación del paisaje del amor
que ya no puede transcribirse.
¡Hoy mi amor crepuscular cae y huye con el viento que no vuelve!

MARIO BRONTE
(Derechos reservados)


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