Ausente la tormenta
Ausente el fragor del trueno
Sólo lluvia de ceniza
de quien fuera mi carne,
mi esqueleto
mi instinto más tribal.
Sólo lluvia que desde el cielo gris
ve que abajo también hay cielo.
Por ello, aún me siento mendigo del amor.
Aún anhelo que mis manos
tiemblen recorriendo tu cuerpo,
adentrándome sobre tu vientre,
como el que huye del desamparo.
MARIO BRONTE
(Derechos reservados)
No hay comentarios:
Publicar un comentario