Late en mí un corazón
que algunos confunden con el cielo
y otros con el infierno.
La frontera que los separa
es más leve que la hoja de una navaja
y muy fácil de traspasar.
Si entras en él para olvidarte de tus miedos
podrás conocer ambas dimensiones
al sumergirte en los míos.
Pero el monstruo que me habita
no te dejará escapar,
a ti tampoco.
A veces intento confundirle
poniéndome un poco de tinte en las canas,
o intento echarle diciéndole que me hartan sus rabietas;
pero él es diferente, mujercita,
se limita a sonreír irónicamente
y a escribirme un nuevo poema
(aunque no le pague más que con desprecio).
Si intenso ser feliz me retuerce las tripas
para que no me olvide de que lo bueno es efímero.
Si me presiente triste y cansado
me aprieta con más fuerza
para que el dolor me recuerde que aún sigo vivo.
Sólo me permite derramar alguna lágrima insurgente,
de cuando en cuando.
Por eso, nunca olvides que late en mí un corazón
que algunos confunden con el cielo y otros con el
infierno...
MARIO BRONTE
(Derechos reservados)

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