Ángel tenía tanta
imaginación, que nunca encontraba palabras para contar las cosas
inimaginables que imaginaba, tanto despierto como dormido. Y ese extraño
don, que le convertía en el hombre con más imaginación del mundo, le
hacía sentirse un bicho raro.
En cierta ocasión se propuso soñar
con él mismo reflejado en un espejo, y así se lo pidió a su
subconsciente. Quizá esa visión de su propia imagen le daría la
respuesta sobre su verdadero Yo. Pero no consiguió
dormir ni un solo minuto en toda la noche, ni pudo parar de imaginar
cosas inimaginables. Y eso mismo le ocurrió las noches sucesivas. El
insomnio se hizo crónico.
Su incapacidad para programar a su
subconsciente, y su falta de control sobre su desbordante imaginación,
le impedían por completo llegar a conocerse. Se rindió a la evidencia de
que era un extraño, tanto para sí mismo, como para los demás. Era un
preso incomunicado a perpetuidad.
Sólo le queda a Ángel la
remotísima posibilidad de que alguien sea capaz de imaginar las cosas
inimaginables que él no deja de imaginar, para ayudarle a conocerse a sí
mismo. ¿Tú le puedes ayudar a liberarse de su extraña maldición…?
MARIO BRONTE
(Derechos reservados de Autor)

No hay comentarios:
Publicar un comentario