martes, 22 de enero de 2013

DESAYUNO CON DIAMANTES

Ella se crispaba cuando oía el ruido de la llave en la cerradura. Sabía muy bien lo que venía a continuación. Siempre el mismo ritual: el eco de su propio nombre, los insultos, los reproches, las amenazas y todo lo demás…
Aunque nunca hacían el amor, él la “utilizaba sexualmente” con frecuencia. Después se dormía plácidamente. Acostada a su lado le miraba durante toda la noche. ¿Era éste el hombre del cuál creyó estar enamorada? ¿Era ella la mujer ilusionada que creyó alcanzar las estrellas a golpe de latidos? Esbozó una leve sonrisa. Después de todo sí había alcanzado las estrellas: daban vueltas a su alrededor tras cada sinfonía de manos y puños contra su cuerpo y su cabeza.
Hacía mucho tiempo que era incapaz de dormir. Sin embargo las pesadillas siempre estaban presentes. No habían tenido hijos y, ahora, se alegraba de ello. Esta noche se encontraba más insomne que nunca. Se levantó lentamente de la cama mientras se preguntaba que hacía aquél cuchillo de cocina clavado en el pecho del hombre. Después se duchó meticulosamente, se perfumó, se vistió, llenó la maleta ocre (tanto tiempo inactiva), y le miró por última vez.
Mientras descendía en el ascensor silbando la melodía "Desayuno con diamantes", aún se preguntaba cuanto tiempo podía tardar un cerdo en desangrarse.


MARIO BRONTE
(Derechos reservados de Autor)


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