domingo, 18 de mayo de 2014

VIEJOS TRENES

Soy un peregrino entre el infinito y la nada que siente un cariño especial por los trenes que no van a ninguna parte.

Su paso por las herrumbrosas vías dejó surcos en la arcilla de mi cuerpo.

Envejecimos juntos. Lloramos y reímos juntos.

Aún lloro por las desconocidas con las que me crucé en las viejas estaciones
difuminadas en el devenir del tiempo. ¿A que lugar fueron sus voces y sus enigmáticas sonrisas?

Los trenes, recorriendo los ramales abiertos, abrazaban los cuatro puntos cardinales.
¿Cuándo se volvió invisible la belleza de los innumerables paisajes recorridos?

Perdida su magia del ayer y su razón de ser agonizan melancólicos en el cementerio de los trenes,  bajo la única luz de las estrellas.

Ellos y yo hoy sólo somos siluetas solitarias, sombras bajo la rojiza penumbra del crepúsculo. Ausente la esperanza, la última ascua de sol se apaga.

Tal vez por eso soy un peregrino entre el infinito y la nada que siente un cariño especial por los trenes que no van a ninguna parte.


MARIO BRONTE
(Derechos reservados)

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