Como ya dije, escribo para nada o para nadie,
y recito versos con la vana pretensión de conmover a los espejos;
o de que si hay alguien al otro lado de sus fronteras de cristal,
me escuche al menos un instante.
Los domingos y fiestas de guardar contemplo los últimos vestigios
del sol desde las páginas de mi mejor libro.
(Nunca volveré a escribir otro).

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