¿El nombre imprime carácter esencial a las cosas nombradas?
Siempre me he preguntado si el Jazmín olería igual si su
nombre no fuera Jazmín.
Si la Orquídea sería tan hermosa si su nombre no fuera
Orquídea.
Si el Amor está escondido tras su nombre
lo mismo que tu cuerpo está escondido tras las ropas que lo
cubren
y, al despojarlo de las mismas, surge opalescente la belleza
enmarcada por tu piel.
Si no hubiese negado tantas veces nuestros nombres
ni temiera el interminable eco de su sonido ancestral.
Si al nombrar a mi Alma aventura no adeudara
tantos años de silencio y de ceniza en los labios
la desventura de este Amor asordado no sería tan triste.
Por eso me alejo del nombre de las cosas y de lo que en su
fondo habita,
porque no hay fondo.
Callo porque es tan inútil como trágico hablar
y desconecto la Memoria auditiva de mi Corazón.
Es tan absurdo nombrar la Belleza sin tenerte
como silenciar una dulce melodía de Stradivarius.
Es tan inútil bailar sin ti, descalzo sobre brasas
encendidas,
como nombrarte sin decirte.
MARIO BRONTE
(Derechos reservados)
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