Las olas, tras las
ventanas, parecen inalcanzables, como si el cristal fuera una frontera
infranqueable y el mar un horizonte demasiado lejano, aunque se
encuentre a escasos metros de nosotros. Tal vez por eso, no me gustan
los cristales, no cierro las ventanas, nunca miro al mar... ¡Le amo demasiado!
MARIO BRONTE
(Derechos reservados)

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