No sé
el caso es que no he vuelto a ser el mismo desde entonces.
mi tristeza ya no es símbolo de nada.
mi corazón es un páramo envuelto por la bruma
la desnudez que me sustenta no me mueve hacia la vida
he perdido la arquitectura mágica
que convierte la lúgubre existencia terrenal
en el largo aprendizaje de la vida.
en el epicentro de las cosas que amo
no hay un lugar en donde baile inasequible
al desaliento la estrella del júbilo
la inmensa oquedad del crepúsculo
no merece un altar
ante el que se postre el tiempo
bajo el capricho del monstruo que me habita
se desperdicia, cómplice, la belleza
en cuanto a mí:
no sé decir que no,
no sé decir que sí,
no sé,
no.
el caso es que no he vuelto a ser el mismo desde entonces.
mi tristeza ya no es símbolo de nada.
mi corazón es un páramo envuelto por la bruma
la desnudez que me sustenta no me mueve hacia la vida
he perdido la arquitectura mágica
que convierte la lúgubre existencia terrenal
en el largo aprendizaje de la vida.
en el epicentro de las cosas que amo
no hay un lugar en donde baile inasequible
al desaliento la estrella del júbilo
la inmensa oquedad del crepúsculo
no merece un altar
ante el que se postre el tiempo
bajo el capricho del monstruo que me habita
se desperdicia, cómplice, la belleza
en cuanto a mí:
no sé decir que no,
no sé decir que sí,
no sé,
no.
MARIO BRONTE
(Derechos reservados)

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