allí encadené mis dedos y mi lengua,
allí sujete mis cartilagos.
¿Desfallecer, huir, consumirte,
consumirme, conceder...?
¿Como no acariciar tus hombros,
y besar cada uno de tus pliegues
y rendijas?
¿Cómo no estrechar
el contorno palpitante
de tu cuerpo expuesto en ofrenda viva,
medida exacta de mi abrazo?
¿Como no saborear
el vino sagrado de tu caliz palpitante?
¿Como no sumergirme en el mar del
éxtasis aunque el sol se apagara para siempre?
Tal vez el infierno y el paraíso,
que atesoras en tu piel de fuego
se conquisten peldaño a peldaño.
Tengo a tiempo esa esperanza.
Amén.
MARIO BRONTE
(Derechos reservados)

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