viernes, 27 de septiembre de 2013

EL AMOR Y EL VIENTO

Nunca supe adónde va el amor cuando termina.
Tal vez parte con el viento
más ligero que una pluma,
hijo del anhelo y la desesperanza,
hijo de la espina insidiosa de los sueños rotos,
como un dios aburrido e inerme.
Tal vez, esbelto mancebo alado,
como irisado humo te eleves por escarpados riscos
en pos de otros seres hechos a tu imagen y semejanza,
que palien tu tristeza repleta de agua salobre
bajo la yerta sombra de los amantes vencidos.
Amor blanco de injusticia perpetua,
reflejo del lienzo eterno de la dicha imposible,
tu compañía les diste cuando se amaron,
pero ahora sólo queda la muerte y el vago delirio
en la soledad de innumerables lechos nocturnos.
En el mundo insaciable de la soledad,
perdido el deseo de las pasiones de ayer,
solos ante la quimera y el olvido imposible,
innumerables insomnes en lechos sembrados de rosas negras
y una pléyade de poetas erguidos,
como cipreses en cementerio,
bajo la luz de las estrellas,
que te nombran, pero que no te dicen
que te recrean, pero que no te crean.
De todo ello, mi única evidencia:
"Nunca supe adónde va el amor cuando termina".

MARIO BRONTE
(Derechos reservados)


TAL VEZ POR ESO

Las olas, tras las ventanas, parecen inalcanzables, como si el cristal fuera una frontera infranqueable y el mar un horizonte demasiado lejano, aunque se encuentre a escasos metros de nosotros. Tal vez por eso, no me gustan los cristales, no cierro las ventanas, nunca miro al mar... ¡Le amo demasiado!

MARIO BRONTE

(Derechos reservados)

miércoles, 25 de septiembre de 2013

A TRAVÉS DEL ESPEJO

A través del espejo
penetro en el lado oculto
de mi identidad equívoca
retozando más allá de lo permitido
en bacanales de desesperanza
con el alma totalmente empapada
de rojizos microcosmos de misterio
muerte y dolor.
La terrible tibieza de mi asombro
queda superada por el desaliento:
tener que ser y aparentar ser
lo que no soy ni deseo ser.
Pero yo no quemé a Galileo
ni abrí la caja de Pandora
y ni siquiera estuve en París
en aquél mayo de mil novecientos sesenta y ocho
ni he disparado versos contra Pinochet
ni he llegado a entender que el horizonte
no es más que un reflejo de lo inalcanzable
un espejismo grotesco de lo absurdo
un lugar más allá del olvido y el perdón.
Por eso siempre espero
que las agujas de los relojes vayan hacia atrás
y que las agujas de los imanes
libres de su esclavitud magnética
señalen de una puñetera vez
el camino hacia el Sur.
Por eso sólo a través del espejo
puedo contemplar
sin llanto ni crujir de dientes
los grises matices de mi anomia
y los negros contrastes de mi anatomía
atravesando a nado el pavoroso océano
del desencanto.

MARIO BRONTE



sábado, 21 de septiembre de 2013

¿NO VUELVES A PREGUNTARME QUIÉN SOY?

¿No vuelves a preguntarme quién soy?
¿Era mi imagen la que veían tus ojos?
¿Creíste en mí alguna madrugada?
Preguntas que hieren
como metafóras entre las cenizas.
Evidencias de un resto de orgullo
entre ayes y maldiciones.
Huyo del amor como de la vida.
Sigo al sol hacia el ocaso
y muero con él sumido en las sombras.
¿Conoces esa forma de muerte?
Cegaron las estrellas
y como Ulises jamás regresé contigo, Penélope.
Perdida tu luz volví a impregnarme de tiniebla:
soy su Sumo Sacerdote.
¿No vuelves a preguntarme quién soy?
Mejor así. El material de los sueños
no son sino historias que nunca se pudieron escribir.
Además, tienes muchos corazones que explorar
y pronto amanecerá.

MARIO BRONTE
(Derechos reservados)


sábado, 14 de septiembre de 2013

BESOS DE QUIÉN

Besos de quién.
De quién los besos que no se dan.
De quién los besos que se dan.
Los labios enmudecidos.
La lengua que conjuga sigilosamente
su gramática particular.
La mirada oculta.
Los miedos acallados.
De quién los besos tatuados
en pieles sin epidermis.
Los besos alados o terrestres.
El vértigo sin destino.
De quién las bocas fusionadas
sin exclusas.
El tacto carmesí consumado.
El saber adquirido.
Lo improbable consumado.
Labios de quién.
Besos de quién.
¡De quién!

MARIO BRONTE

(Derechos reservados)



AMÉN

Allí estuve,
allí encadené mis dedos y mi lengua,
allí sujete mis cartilagos.
¿Desfallecer, huir, consumirte,
consumirme, conceder...?
¿Como no acariciar tus hombros,
y besar cada uno de tus pliegues
y rendijas?
¿Cómo no estrechar
el contorno palpitante
de tu cuerpo expuesto en ofrenda viva,
medida exacta de mi abrazo?
¿Como no saborear
el vino sagrado de tu caliz palpitante?
¿Como no sumergirme en el mar del
éxtasis aunque el sol se apagara para siempre?
Tal vez el infierno y el paraíso,
que atesoras en tu piel de fuego
se conquisten peldaño a peldaño.
Tengo a tiempo esa esperanza.
Amén.

MARIO BRONTE

(Derechos reservados)





NO SÉ (NO)

No sé
el caso es que no he vuelto a ser el mismo desde entonces.
mi tristeza ya no es símbolo de nada.

mi corazón es un páramo envuelto por la bruma
la desnudez que me sustenta no me mueve hacia la vida
he perdido la arquitectura mágica
que convierte la lúgubre existencia terrenal
en el largo aprendizaje de la vida.

en el epicentro de las cosas que amo
no hay un lugar en donde baile inasequible
al desaliento la estrella del júbilo
la inmensa oquedad del crepúsculo
no merece un altar
ante el que se postre el tiempo

bajo el capricho del monstruo que me habita
se desperdicia, cómplice,  la belleza 
en cuanto a mí:
no sé decir que no,
no sé decir que sí,
no sé,
no.

MARIO BRONTE
(Derechos reservados)