Tu recuerdo
fugaz ensoñación de la luz
baña mi alma de cálidos fulgores y cantos
de sirenas.
Catedral del amor sin medida
cascada de nanas y abrazos infantiles
que impregnaba la mañana de olor a jazmín.
¿Por qué robaron la sonrisa que me abría el
cielo?
¿Dónde quedó la voz que daba razón de ser a
mi esperanza?
Si alguna vez recibiera de nuevo tu beso
me abrasaría colmado de estrellas y auroras
boreales
recreado en tu esencia convertido en verdad absoluta
que pervive sin mácula. Recobrarte en mi memoria
jalonada de espejos llenos de ti.
Ser tu imagen eternamente renovada.
Derribar las paredes del inmisericorde hospital
en el que cercenaron tu último vuelo
y coronaron tu cabeza con una corona de
espinas.
Saciar la sed de tu ausencia
como los amaneceres en el devenir de los
días sacian las noches
¡OH gaviota sin alas que desde su juventud
me amó sin reservas!
Reina para mí la nada en todo tiempo y
lugar.
Ninguna melodía profana ahora la cárcel
de silencio en que me hallo.
Ninguna llave abre las puertas cerradas de
mi corazón.
Mi
condena es a perpetuidad
diluido
irremediablemente
en un infierno de culpable pasividad
mientras tus ojos de cielo
permanecen anegados de lágrimas
bañando la inalcanzable presencia de tu
abrazo.
II
Porque un día te encontré al borde de mi pasado
y te miraste en mis ojos.
Porque puse mi cabeza sobre tu regazo.
y los dos lloramos a escondidas.
Por vestirte de luciérnaga al llegar la noche
cuando las estrellas no estaban encendidas.
Por buscar en mi rostro la huella del miedo
y borrarla con caricias.
Por decirme cosas sencillas
como: “No te preocupes hijo
mañana será otro día”...
mañana será otro día”...
Gracias.
Por
haber existido
por
haber sido tú
por
tus ojos de estrella
y tu
dulce sonrisa.
Por
bebernos el inagotable amor
de
tu alma generosa.
Por
mirarte escucharte y sentirte
siempre
a nuestro lado.
Por
amarnos como nadie supo jamás.
Por
tener que irte y todavía amarnos más.
Por
poder recordarte.
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