Miro el mundo desde mi soledad, le ofrezco mi amor cansado y la urgencia de explicarle que pudo ser una hermosa realidad, pero nada me refleja. No sé de que instrumento roto me volví acorde.
En estos
breves momentos que conforman mi vida, yo me abandono a la oscuridad y
ella, más piadosa que la luz, me besa los ojos, como si fuera la dueña
de mi existencia.
MARIO BRONTE
(Derechos reservados)

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