Es necesaria una coherencia entre
la obra y las actitudes del autor que condicionan su intencionalidad.
Un escritor no se termina en su obra, ni en sus personajes, ni en la
trama argumental, sino en sus actitudes y en el respaldo moral conque se
proyecta o no en la misma. Es necesaria una coherencia, entre su
racionalidad y su emotividad, a la hora de plasmar la realidad interna y
externa que percibe o imagina. Un escritor sin alma no puede dotar de esencia vital a su criatura.

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