Morir, dormir, tal vez soñar,
renacer en otra realidad o en otra dimensión
sin dios ni diablo, sin dolor ni miedo,
sin verdugos ni opresores, sin normas ni murallas.
Sin inmortales bestias del desamparo
que absuelven con su fe a los crédulos de invernadero
o a los milagreros de la paz orfebre.
Morir, dormir, tal vez soñar,
saltando de ola en ola, de utopía en utopía,
hasta llegar a ti, mujer de luna,
como el príncipe Héctor* a su diosa Helena,
con sonido de viento,
con fragancia de bosque,
con rugido de mar embravecido.
porque el olvido es tan inalcanzable
como una causa perdida de antemano.
Morir, dormir, tal vez soñar,
y quedar atrapado eternamente
en ese vago refugio llamado amor,
donde la enredadera de nuestras caricias
trepe indomable hasta más allá
del aluvión malsano de tópicos y risas fingidas,
porque es siempre la misma carne intemporal
complementando con su sufrimiento a Hamlet.
Morir, dormir, tal vez soñar.
Dormir juntos constelados de gotas de sudor,
súbitamente mágicos, solidarios, liberados,
enjoyados de susurros compartidos
viajar impolutos al desnudo,
y envueltos en un interminable abrazo,
no despertar.
Mario Bronte
(Derechos reservados)
* Príncipe y héroe troyano, hermano de Paris, amante amado “oficial” de Helena.

Todos los días morimos un poco y cada día más cerca del sueño eterno.¿Quién a veces no ha deseado que éste llegue más pronto?.
ResponderEliminar¡Bonitas letras!
Gracias Sandra. Me alegra que te guste. Morir, dormir, tal vez soñar... Un abrazo.
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