Hay mujeres que contra la propia ley de su existir
son una quimérica promesa de cielo e
infierno
en el filo acerado de nuestra mente.
El conjuro atávico de su refulgente piel
se disipa culpable en el advenimiento de lo meramente bello.
El conjuro atávico de su refulgente piel
se disipa culpable en el advenimiento de lo meramente bello.
Son mujeres terrestres.
Otras, allá en su limbo, o en
nuestro infierno,
son una realidad de amor en estado
puro
corpóreo y etéreo a la vez,
que provocan incólumes sonrisas y lágrimas
ajenas al frío crepúsculo
carmesí.
Son únicas.
¡Qué tediosa es la vida sin ellas!
¡Qué tediosa es la vida sin ellas!
¡Qué vacía y solitaria!
Son mujeres voladoras
Son mujeres voladoras
y hay que aprender a volar casi
de inmediato
para compartir su vuelo y
alcanzar las estrellas,
porque no les gusta esperar
demasiado.
Esas mujeres, con mucha suerte,
Esas mujeres, con mucha suerte,
pueden aparecer una única vez en
nuestras vidas.
Todo lo cambian al igual que lo hace la primavera:
Todo lo cambian al igual que lo hace la primavera:
"ellas han venido, nadie
sabe como ha sido".
Mario Bronte
(Derechos reservados)

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