martes, 16 de abril de 2013

EN BUSCA DEL ADAGIO PERDIDO

He aprendido a no recordar.
A no ser más allá del deseo de sobrevivir.
He aprendido a ser un sobremuriente.
Uno de Ellos.
Apenas vaho sobre el cristal sucio.
Ex ciudadano de la patria que un día fui.
Un infinito afán de tentativas en desorden
poblado de espejismos nocturnales
                                y estelas de niebla
sobre pieles mudas de amores envejecidos,
antes de tiempo, con la disnea del agonizante.
No hay ultramares redentores
donde no germine mi nostalgia,
ni más allá al que escapar de uno mismo.
La música de la lluvia ha cesado.
Sólo el adagio de Albinoni sigue sonando melancólico
para los amantes que buscan  quiméricas huellas
en la indefensa blancura de las sábanas.
Sólo corcheas y notas impublicables,
                                  sobre los pentagramas
en el concierto que interpretan las olas
contaminadas de belleza moribunda. 
Sólo rescoldos de amarillas estrellas fugaces
bajo un impenitente sol negro.
Quedo envuelto por las sombras.
La música serena, con ritmo lento, cesa.
La vida huye de mí como de lo efímero.
Siento que el inmenso vacío del tedio me devora.
La ambigüedad se adueña de todo.
Sólo dos evidencias:
Sin ti el cielo no cabe en el infierno.
Para que yo exista, hace falta que tú existas.

MARIO BRONTE
(Derechos reservados de Autor)


 



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