Te presiento cercana.
Ven antes de que me duerma
en el torbellino de la pesadilla.
No traigas camisón ni pijama,
ni siquiera ropa interior:
te cubriré de tinta y de papel,
de versos y palabras insensatas,
y, a su vez, nos cubrirá el manto
de la noche.
Llegas por fin. Comienza a llover.
¿Por qué lloran nuestros ojos sin pedir permiso?
¿Qué será de nosotros?
No me respondas nada. Yo tampoco diré nada.
Nos sienta mal amar. Sin valor. Sin volar.
Jugaremos a lo de siempre
y viviremos juntos tratando de olvidarnos.
Mario Bronte
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