Déjame dormir en ti la habitación huele a incienso, soledad y romero a recuerdos de nostalgias malvendidas. Lléname de tu nombre de tu saliva de tu desnudez silenciosa y me verás sonreír por primera vez.
Efímera ha sido mi vida. Una condena sin libertad condicional ni permiso
carcelario de mí mismo. Ya nada es ayer. Ya nada es ahora. Ya nada será
mañana. Sólo el insomnio irreductible y el deseo de dormir, tal vez
soñar...
No deseo otra libertad que la de estar preso en alguien que me aleja de
la muerte. No deseo otra verdad que la de su amor verdadero. Aunque no
deja de ser una remota esperanza.
Un psicólogo mirándome desde el otro
lado del espejo me dijo una vez que la mejor manera de evitar la
decepción es no esperar nada de los demás. Sin embargo los reproches más
severos y los peores actos me los dedico a mí mismo. Tal vez por eso ni
creo en los psicologos ni creo en mí mismo.