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jueves, 30 de julio de 2015
SIEMPRE QUEDA UN AMANECER
Hacia el final, los cantos de sirena, esa otra forma de soledad y silencio;
los restos herrumbrosos del último Titanic arrastrados por las corrientes marinas; el rocío de la noche humedeciendo los surcos de mi rostro, y el atemorizante sol de la juventud que un nuevo día más vuelve a no reconocerme. Tal vez siempre quede un amanecer con su aliento de fuego para muchos, pero ¿serán también interminables los crepúsculos para morir diariamente con ellos sumido en las sombras de la nostalgia?
MARIO BRONTE
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