Se repite el temor más que la dicha.
Nada atestigua que no he vivido en vano.
Nada me hurto
ni recuerdos, ni promesas, ni insulsas tasas de vida.
Pareciera ser que mi corazón fuera el amante perpetuo de la tristeza,
pero ni la ausencia de caricias quebraría la sonrisa.
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