Un cielo negruzco en la cima del mundo.
Las nubes dejan paso al hijo de lluvia que cae
con irrefrenable ardor suicida sobre las florestas y las selvas.
Sobre la yerma tierra.
Sobre mí.
Ininterrumpidamente.
Ignoro qué hago allí bajo la lluvia.
Los brillos de las salpicaduras me deslumbran.
Me gustaría disolverme y ser arrastrado
rumbo a los sumideros de la calle.
Mi no ser es anterior a mi existir,
es anterior al mundo.
Tan sólo yo.
Sólo soy barro de suelas que reincide
en el desolador purgatorio de las causas perdidas.
El deseo es una interrogante
cuya respuesta es ajena a mí.
Sólo barro.
¿Pero cuánto de mi amor queda inédito?
MARIO BRONTE
(Derechos reservados)

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