Antes que el gesto o la palabra duele la mirada
con la que te escruta el ser que te “desama”
como un aura que asfixia la fugaz llama del deseo.
¿El amor es un ardid creado por poetas menores?
¿En los versos extraviados estará la clave
del misterio de la lógica que hace irrevocable la ausencia?
La fuga no destruye, se aduerme en los confines,
entre las cenizas de quien yo fuera.
Mis cansadas alas ya no me adentran sobre tu cuerpo,
donde otras veces me posé huyendo del desamparo.
MARIO BRONTE

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