Un cuerpo hacia otro cuerpo en horas de dolor solitario.
Mas no eres tú.
La espuma de las olas tiemblan lánguidas
sin llegar a completar el sueño.
Por esto, con el cuerpo encorvado, camino silencioso,
dejando atrás el hogar cubierto de ceniza.
La luz del sol me quema como a las lagartijas
al sentir la indolencia de los cobardes.
Ya no he vuelto a ver a aquella mujer silenciosa:
el primer amor, la primera muerte, la primera vida.
Ya la distancia entre los dos cuerpos es interminable.
Muere pronto, amor mío, en mi memoria,
porque ya he perdido la esperanza de tenerte sin tenerte.
Busco otros cuerpos en horas de dolor solitario.
Mas no eres tú.

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