viernes, 13 de junio de 2014

MEMORIA HUIDIZA

La memoria es paisaje huidizo. En sus difusos límites, proyecta en la mirada melancólica del espectador romántico, o del que es fiel a ese paisaje, las sombras de otros tiempos que sólo existen como reflejo de sí misma ante un amanecer irrepetible. Esa fidelidad acaba enfermando al corazón del hombre, completamente inerme ante sus intemporales espejismos. Los recuerdos se convierten en fantasmas autodestructivos y de nada sirve la banal pretensión de retornar al punto de partida porque, aunque el paisaje de la memoria y de la realidad fueran coincidentes, la mirada del caminante nunca volverá a ser la misma. Su forma de ver, percibir y decodificar la realidad y los sueños fluctúa a cada instante como las procelosas aguas del mar. Esa es su grandeza y su tragedia. 


MARIO BRONTE



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