ESTE ES EL FARO
DE VALENCIA. EL FARO DE MI PADRE. Él me enseñó a amarlos. A entender su
lenguaje. ¿Sabían ustedes que los faros hablan y que a través de sus
destellos de luz intentan hacernos entender sus pensamientos,
sus esperanzas, desencantos y emociones...? Sólo hay que detenerse
no sólo a mirarlos sino a verlos. Hay en los faros una enorme dignidad y
grandeza. ¿Sabían ustedes que, aunque de piedra, tienen alma y
corazón? Dialogan con frecuencia con el mar. Este les responde con su
voz, a veces armoniosa, a veces rugiente, por medio de las olas. Luz y
sonido hermanados. A veces, conmovidos de percibirnos tan inermes y
frágiles, y de los naufragios de nuestros barcos y de nuestras vidas,
entremezclan conmovidos lágrimas de piedra y lágrimas impregnadas de sal
y yodo.
MARIO BRONTE

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