Prefiero ser irracionalmente libre que cuerdamente esclavo.
Acepto sufrir pena perpetua de prisión y que mi cuerpo sea cubierto de cadenas mientras conserve el derecho inalienable de poder tomar decisiones, equivocarme y aprender de mis errores.
Valoro sobre todas las cosas la libertad de ser libre, pero nunca aceptaría esa libertad pagando el insoportable precio de vivir bajo el yugo de la razón esclavizada por la falta de ideales.
"El miedo a la libertad" es un miedo insoportable y tiránico, pero existe otro mucho peor: "el miedo a perder la libertad". Yo soy un enfermo crónico e incurable de este último miedo.
Tal vez, después de todo, sólo podamos ser libres fuera de la razón. Sólo en la emoción y el sentimiento. Sólo en la fantasía e imaginación de nuestro componente niño que nunca debemos o debimos perder al convertirnos en "adultos".
Con todo: "No quiero renunciar nunca a la locura irrefrenable de desear ser libre". Nada más y nada menos.
MARIO BRONTE
(Derechos reservados)

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