ni algo espantoso o intolerable,
ni algo corrupto que huele
con cierto olor a podrido.
Pero sí lo es una vida desperdiciada,
una vida tugurio,
una vida de esperpento y vertedero,
una vida de hospital , cementerio, y tumbacamas.
Porque ese torpe simulacro,
sin puertas ni cerraduras,
no admite escapatoria a cobro revertido.
La tristeza y el miedo,
el fracaso y la desdicha,
duelen tanto
que no admiten redención.
Los pulmones se llenan de aire,
el corazón sigue latiendo,
pero la mi piel no tiene arrugas
sino cicatrices y purulentas llagas.
La pasividad cobarde todo lo descompone.
Tras los parpados sólo queda el osario
de los errores cometidos.
La edad de la no inocencia no es una vergüenza,
pero sí lo es una vida desperdiciada.
MARIO BRONTE
(Derechos reservados)
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