La luna con su resplandor prestado por Febo
cuelga de la bóveda celeste
como un ojo de Minotauro entre las sombras.
Bajo su luz me siento más sólo que nunca.
Ella con su malla de amazona estelar
refulge más que nunca intentado acariciarme, acunarme,
protegerme…
Pero todo es inútil.
La miro. Me mira.
Por un instante, somos cómplices.
Compasiva ante mi piel de cicatrices,
se despoja de su opalescente piel.
La oscuridad nos envuelve.
La abrazo para que no tenga frío.
La siento tan sola y pérdida como yo.
Cuando amanezca ambos moriremos una vez más.
MARIO BRONTE
No hay comentarios:
Publicar un comentario