Los humanos son seres crepusculares
prisioneros de un absoluto silencio
que habitan generalmente en solitarios lechos nocturnos
pensando tristemente en cuerpos tibios que no retuvieron.
Como dioses aburridos pueblan su imaginación
de seres a su imagen y
semejanza,
sin encontrar respuestas en
la sombría nada.
¿Es posible ser libre sin estar preso en alguien?
¿Acaso la libertad conviene solamente al que no la tiene?
Esos actores de la libertad espejismo
son arroyos taciturnos desterrados por siempre del mar
almas encadenadas a la única libertad posible:
la libertad de “no ser”.
(No ser amados. No ser vistos. No ser más que pieles mudas…)
La muerte les hace aferrarse a una vida que se aleja,
pero vivir en un perpetuo anhelo de amor,
duele profundamente.
MARIO BRONTE
(Derechos reservados)
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