domingo, 26 de octubre de 2014

sábado, 25 de octubre de 2014

LA SOMBRA DE TU ESPALDA

Descubrí tu sombra una tarde en que el sol iluminó tu espalda, pero no volverá porque la dejaste olvidada igual que a mí.

MARIO BRONTE




domingo, 19 de octubre de 2014

REGRESO

Regresé de tu vanidad sin medida
repleto de espacios vacíos,
simples espejos donde te reflejabas.

MARIO BRONTE

BELLEZA NO ROBADA

Cuando se miraba desnuda al espejo cerraba los ojos
para que nunca la imagen poseyera su belleza.

MARIO BRONTE


jueves, 9 de octubre de 2014

EL QUEJIDO DEL VIENTO


Una muchedumbre funeraria de ruinas y escombros, 
abarrota la pinacoteca del anhelo humano
ante la indiferencia de todos.
Se diría que juzgan nuestra decadencia
en su calidad de testigos espectrales
con la autoridad moral que les confiere
el estar de vuelta del ayer irremediable.
La belleza de los cuerpos tuvo su instante, y pasó.
El talismán poderoso del tacto de los dedos
sobre las pieles ajenas, dejó de surtir efecto
y el antaño poderoso sexo sufre hoy el trágico desdén
de un tiempo impío.
Así, ajenos a toda mirada fortuita o intencionada,
y tan estériles como la caída de las sombras,
¡qué desiertos los hombres y las mujeres!
No hay caricias sobre la carne interrogante,
porque el deseo inspira preguntas sin respuesta.
Sin vientres fecundados por simientes de esperanza
nadie escucha ya el quejido del viento bajo una decrepita luna.
La tiniebla primaria se adueña de todo.
La asunción del error de estar vivo despierta a la perezosa muerte.
Hasta el ciprés agoniza a causa del verdadero pecado original: el desamor.

MARIO BRONTE
(Derechos reservados)


martes, 7 de octubre de 2014

NINGUNA CALLE LLEVARÁ MI NOMBRE

Ninguna calle llevará mi nombre:
el petróleo no se forma con lágrimas,
ni los trenes con destino al paraíso hacen paradas.

MARIO BRONTE 
(Derechos reservados)


sábado, 4 de octubre de 2014

LA PUTA

La puta de aquella noche se parecía a la mujer que acababa de romper nuestra relación después de casi dos años. Yo había entrado en el night club para vengarme un poco de su recuerdo imborrable. Laceré sus labios a mordiscos y ensucié su cuerpo con saliva y esperma. Follamos varias veces, porque cada vez que lo hacíamos sentía que me sacaba un puñal de mi corazón. Su piel era tersa y calida; su vagina, palpitante y acogedora. Mientras depositaba unos arrugados billetes sobre la mesita de la habitación, le pedí que me describiese la felicidad. Ella masculló algo que no entendí mientras unas lágrimas brotaban de sus ojos. Luego emitió algo así como un rugido, o a un aullido de perra en celo. Sentí algo parecido a la piedad y al remordimiento. Salí del night club sin mirar hacia atrás sintiéndome sucio. Conforme pasaban las horas se iba acentuando en mí una evidencia: la puta era mucho mejor de lo que tú y yo jamás llegaríamos a ser. Pensé más de una vez en volver a verla, pero no lo hice. No estaba a su altura. Me limito a soñar con ella, mientras tu imagen se desdibuja por momentos.

MARIO BRONTE
Derechos reservados