Nadie acude cuando emito graznidos
parecidos a voces
entremezcladas con palabras.
Ella tampoco viene.
Mirar atrás no siempre es triste
aunque duela profundamente
y tarde o temprano los recuerdos
siempre nos alcanzan.
¿Es una certeza o un espejismo de mi voluntad?
Los silencios que escucho no me llaman.
Nadie viene cuando llamo.
Ahora que todos desaparecen,
¿quién será el que me mire,
el que me escuche, el que me toque,
el que me recuerde?
¿A quién amar y contra qué enemigos luchar?
Ciego soy porque escondí una vez mis ojos
pensando que era la mejor forma de mirar.
Anhelante de amor permanezco
yo que llegué tarde a tantas cosas
y merodeé por los solsticios del "amor deseo".
Tu imagen reflejada en los charcos,
en los espejos y en los escaparates
son espejismos de sombras.
Tú no vienes,
aunque no sé si alguna vez viniste.
Solos el monstruo que me habita y yo.
Esta noche, quizá por vez primera,
no deseo que me abandone.
MARIO BRONTE
(Derechos reservados)
Desde lo más profundo. Tienes el don de desnudar tu alma. Eres grande, poeta.
ResponderEliminarGracias, novelista. Un gran abrazo para ti y un beso.
ResponderEliminar