Cojo mi raída maleta, completamente vacía. Ella se sorprende después de tanto tiempo sin ser utilizada. Me dispongo a viajar hacia la Luna, hacia cualquier lugar o hacia ninguna parte, pero me quedo irremediablemente quieto. Simplemente ella y yo nos miramos cómplices con un atisbo de tristeza en nuestras miradas. La pasividad nos devora a los dos. No hay aventuras que correr ni tesoros de piratas que descubrir. Nadie nos espera en ningún lugar ni a nadie le importa que vayamos o nos quedemos. Derramamos una lágrima y recuerdo cual es el sino de mi vida: ando mucho pero siempre en círculos, no duermo casi nunca y no me gusta nada de lo que veo. Si la realidad y el mundo exterior son espejo que nos reflejan supongo que tampoco debo gustarles yo a ellos.
Después vuelvo a guardar la vieja maleta en el viejo armario porque ya no quedan viajes que realizar, ni Odiseas o Ilíadas homéricas que vivir.
¡Te equivocaste de dueño amiga mía! ¡Tu lealtad te ha resultado demasiado cara! No hay planos, ni mapas ni folletos de viajes para mí. Hace tiempo que dejé de ser turista de la vida. Duerme vieja maleta el sueño de los justos.Yo, insomne crónico, velaré nuestra derrota porque no puedo permitirme el lujo del arrepentimiento.




