Audrey Hepburn, mi amor de siempre, en sueños y despierto, mi utopía,
mi ideal de belleza perfecta, mi ideal de actriz con un talento rayano
en lo sublime, mi diosa cinematográfica. El problema es que nunca llegué
a ser su mentor en My fair lady (Pigmalión), y que en este caso nunca
podré decir, como Humphrey Bogart: siempre nos quedará París. Sólo me
quedan tus películas, tus fotos y tu imagen en mis ojos y en mi alma, mi
adorada y amada Audrey. "Breakfast At Tiffany's", más conocida en España como "Desayuno con Diamantes", es una película indispensable de los 60, de
obligado visionado, que divierte y se disfruta lo suficiente como para
ser un film memorable en todos los aspectos. Además, ciertas escenas
justifican todo el propósito del conjunto. Por ejemplo, Audrey Hepburn
interpretando ella misma, en la ventana de su habitación, la ya
inolvidable canción ‘Moonriver’ de Henry Mancini (que por cierto compone
una excelente banda sonora para la
película). La belleza de Hepburn, unido a la envolvente melodía y
sencillez de la canción, provocando todo esto que Paul deje de escribir
precisamente sobre Holly, es una escena fundamental dentro del cine
mundial, de absoluta perfección. Se llevó el oscar a la mejor
música y a la mejor canción, 3 nominaciones al oscar (mejor actriz,
mejor decoración y mejor guión adaptado) y un Premio Grammy.
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