jueves, 28 de febrero de 2013

ACASO QUERERTE

Te quiero
como fuiste
como no eres
como eres
como podrías llegar a ser...
Quererte en suma.

MARIO BRONTE
(Derechos reservados)


lunes, 25 de febrero de 2013

LA SED INSACIABLE

La sed y el agua
se encuentran en los labios
y se comparten en los besos.

MARIO BRONTE
(Derechos reservados)


Y “EL GUERROUJ” CRUZÓ EL ESTRECHO EN PATERA (MARES DE ARENA)

            Me llamo María Pereyra. La habitación no está del todo mal, a pesar de que es un hotel de mala muerte. No dejo de mirar como hipnotizada la mosca que intenta en vano desasirse de la telaraña que la tiene atrapada. Pierdo la noción del tiempo hasta que el tacto de unos dedos sobre mi piel me aparta bruscamente del sopor que me atenazaba durante los últimos minutos.
            — ¡No te duermas…! —me advierte el hombre.
            — ¡No, para nada…!
No hay elección. Por lo menos “la tumba-cama” se me antoja menos gélida que en otras ocasiones y compartirla con alguien amable me resulta novedoso.
            — ¿María, eres peruana?
            —Así es. Ya te lo dije antes.
            —Es verdad, me lo dijiste… —me mira fijamente antes de soltar una carcajada—. Sois como mares de arena, pero tú eres especial, aunque seas una muerta de hambre. Eres demasiado hermosa para ser peruana. Una puta que no lo parece le añade un morbo especial al asunto, y tú tienes cara de virgen. Aunque tu piel sea demasiado oscura para mi gusto. 

            Trato de desnudarme lo más rápido posible evitando mostrar ciertas partes de mi cuerpo. Una vez más, mientras siento la penetrante punzada entre mis piernas, intento aferrarme al recuerdo de los seres queridos que han quedado en Lima y lo importante que es para ellos el dinero que les envío. Pero hoy no me sirve de nada. Todos están como ausentes. O, tal vez, sea la inmensa nostalgia que siento de la María que yo deseaba ser cuando aún no era más que una niña; o de la que un día decidió convertirse en una inmigrante ilegal en busca de un presente más esperanzador en la Madre Patria.
            De repente, noto que tiran de mí con cierta brusquedad al tiempo que algo caliente y pegajoso comienza a chorrear por mis muslos. El hombre me reprocha mi pasividad y me dice que me va a pagar sólo la mitad de lo acordado. Cedo por no discutir. No tengo fuerzas ni ánimos para ello. Me siento sucia. Salimos a la calle y cada uno se va por su lado. 
            Al apearme del autobús, menos de doscientos metros me separan del minúsculo y destartalado habitáculo en el que malvivimos Tamek y yo. Siempre me cuesta horrores no poder prometerle que “es la última vez” y que no volveré ninguna noche más a mi esquina de la Avenida del Puerto. Cada vez que me encuentro en ella, me gustaría ser invisible; que el pavor de ser descubierta nuevamente, con esa mirada de adolescente asustada, me hiciera inexistente ante los ojos de los lascivos clientes; intangible para todos los seres para los que yo soy un objeto desechable de uso fácil. Sólo el amor y la compañía de mi amado Tamek me redime. Él llegó a esta ciudad al poco tiempo después que yo: igual de perdido, hambriento y asustado. Un día apareció en mi vida como un relámpago. Acababa de comenzar a trabajar en un restaurante árabe repleto de interminables bobinas de carne. Allí le conocí. Sin ser guapo me fascinó de inmediato su ternura con la carne —que más tarde haría extensiva a mi propia carne—, la penetrante mirada de sus negros ojos, y su dulce sonrisa de poeta. Esa misma noche hicimos el amor por primera vez y, antes de una semana ya estábamos viviendo juntos. Tamek, mi adorado marroquí. Como añoro en tu ausencia tus besos impregnados de hierbabuena, albahaca y especias. Ahora, mientras subo las escaleras sé que en escasos instantes me volveré a encontrar entre tus brazos y la luz del sol disipará por completo las tinieblas.

            Me llamo Tamek Hamadi. Hace ocho meses que llegué a la costa granadina procedente del puerto de Larache. Tres mil euros fue el precio que tuve que pagar a “ciertas personas”, para huir de la miseria. Al poco me trasladé Valencia y aquí me quedé. Sé que tengo treinta y dos años y María sólo diecisiete, pero no concibo ya mi vida sin ella. Conocerla es lo mejor que me ha ocurrido en muchos años. Sólo tengo que murmurar su nombre para que toda la suciedad del barrio en que habitamos desaparezca, y para que los olores resultantes de la putrefacción de residuos de alimentos baratos, orines, excrementos de perro y humedad, dejen de ser tan insoportables. Sólo tengo que evocar su rostro o el cálido tacto de su piel para que los rostros de los demás dejen de parecer hostiles y amenazadores. Pero no soporto que otros hombres la envilezcan. He intentado infructuosamente que deje de prostituirse.

            —Para eso, es preferible que regreses —le dije un día.
            —No regreso tan muerta de hambre y derrotada como vine. ¡Eso, nunca!
            —Además, no es tan malo regresar —le volví a insistir.
            —No quiero perderte ¡Carajo! —fue lo último que dijo. Dio por terminada la conversación y en su mirada leí su firme propósito de no volver a hablar jamás de aquél asunto.
            Al volver del trabajo, atravieso el Barrio del Carmen a toda prisa para intentar llegar cuanto antes; y, aunque es el camino más corto, se me hace interminable. Sé que ella ya estará en casa aguardándome. Nunca llega más tarde de las cuatro para coincidir conmigo.
            Enfrascado en mis pensamientos no los veo hasta que prácticamente choco con el grupo de jóvenes rapados, que inmediatamente me rodea.
           — ¡Eh, tíos! —dice el que parece ser el líder— Seguro que este moro hijo de puta es un ladrón y un yonqui como todos los cabrones que atraviesan el Estrecho; uno de los que nos quitan el trabajo y follan a nuestras mujeres creando una raza de mestizos y bastardos.
            Me parece que el que habla es terriblemente joven —quizá de la misma edad que María—, y que está lleno de ira y de odio. Sé que si respondo de alguna manera a toda aquella retahíla de improperios e insultos, con mi limitado español y mi fuerte acento francés, las cosas aún empeorarán más. Así es que sin poder ocultar el miedo que siento, claramente visible a través de los acentuados temblores de mis piernas, decido permanecer en silencio hasta que se calmen o, tal vez, por si en un descuido puedo abrirme paso y aprovechando mis potentes zancadas soy capaz de sacarles distancia y escapar de ellos, como haría mi ídolo El Guerrouj*. Si pudiera hacerles comprender que no soy su enemigo…
            Hay que darles un buen escarmiento a estos moracos para que dejen de venir a tocarnos los cojones —añade otro.
            Sin saber como, me encuentro corriendo como una fiera perseguida a toda la velocidad que me dan las piernas bajo el manto oscuro de la noche. Pero mis perseguidores cada vez están más cerca y sé que si me alcanzan nunca más volveré a ver a María y mi viaje habrá llegado a su fin.
            —María, sólo tu recuerdo me da fuerzas para seguir corriendo, pero ya siento su respiración abrasándome la nuca… 

            Mientras, la mujer da vueltas nerviosamente de un lado a otro de la casa, intentando inútilmente tranquilizarse:
            —No puede tardar en llegar. Nada malo puede ocurrirle a un hombre que ha sido capaz de atravesar el Estrecho y todos los sueños del mundo en patera… ¡En este país, no!


El cuerpo de Tamek no sería descubierto hasta la mañana siguiente. La noche siempre es demasiado inmensa para una mujer sola en el exilio… 


(*Hicham El Guerrouj es un extraordinario atleta marroquí especialista en pruebas de mediofondo. Plusmarquista mundial de 1.500 metros, de 2.000 metros y de la milla, y fue campeón olímpico en Atenas 2004 en 1.500 y 5.000 metros.)

MARIO BRONTE
(Derechos reservados)

martes, 19 de febrero de 2013

BLANCO SOBRE BLANCO

Desnudarte
mirar tu cuerpo desnudo
a contraviento  a contramarea  a contraluz  a contratiempo

mirar tu cuerpo desnudo
a contradía   a contranoche
a contrasueño  a contrainsomnio

mirar tu cuerpo desnudo
en los manicomios y en las guarderías
en los trenes y en las estaciones de metro
en las multitudes y en las islas desiertas
en el azul y en el rojo
en los almacenes vacíos y en los rellanos de las escaleras
en los baños y en las bañeras
en las sábanas y en las tapicerías de los asientos abatibles

desnudarte
ungiendo de saliva tus miedos y los míos
y con las Ray-ban bien ubicadas
                                              protegernos
del blanco sobre blanco de nuestros cuerpos
                                                                fusionados.


MARIO BRONTE
(Derechos resevados)

 


EL DERECHO DE SER UNO MISMO

¡UN HOMBRE NO SIEMPRE HACE LO QUE QUIERE, SABE O PUEDE, PERO TIENE EL DERECHO DE NO HACER LO QUE NO QUIERE, NO SABE O NO PUEDE!

MARIO BRONTE
(Derechos reservados)



viernes, 15 de febrero de 2013

CAYENDO LENTAMENTE (FALLING SLOWLY)


Banda sonora de la película ONCE (UNA VEZ), interpretada y cantada por Glen Hansard & Marketa Irglova.
Esta bellísima canción fue galardonada con un Oscar. Es un magnífico film con excelentes canciones, con una deliciosa temática sobre el amor, la soledad y la posibilidad de enamorarse de nuevo.



lunes, 4 de febrero de 2013

AL MORIR EL DÍA

Han apagado el sol una vez más.
Es insoportable la voluntad de no ser
sin luz y a solas.
¿Quién eres? ¿De dónde vienes?
¿Dónde encontrarte bajo la lluvia de esquinas
y farolas rotas?
Camino sin pausa y sin saber como
asumo la evidencia.
Eres la mujer que acecha en cualquier bar
sentada tras una botella de güisqui
y hace latir aprisa mi corazón
inmune al fanatismo del amor diablo.
Eres tú la que encuentro
y que me encuentra
huyendo de las calles vacías.
Somos almas gemelas
intentando ahogar su miedo en alcohol.
Dos bultos inmóviles
que se miran sin reconocerse
como quien contempla lo incomprensible.
Náufragos ambos
en el incólume mar del olvido.
Bebiendo hasta sentirnos
acompañados a solas
en el fluir de la noche que no acaba.
Muriendo lentamente a cada sorbo.
Luego los bares cierran
y nos vamos en direcciones opuestas.
Mañana te volveré a buscar
en bares donde nunca estuviste
y aún me esperas.

MARIO BRONTE
(Derechos reservados)


 

LÁGRIMAS VERDES


Hoy me siento especialmente cansado
porque carezco de cualquier plan en armonía
y he olvidado la magia de ser y de estar.
He perdido el afán de tentativas
y la tibieza de una sábana compartida.
Tejo y destejo, cual Penélope irredenta,
en espera de un destino verdadero.
Supongo que eso no altera
el vaivén frenético de las abejas
en las colmenas, ni el movimiento de los astros.
Hoy me siento especialmente cansado
y con ganas de llorar a lágrima viva,
pero hace tiempo que olvidé como
hacer brotar lágrimas verdes de mis ojos.
La esperanza es una meretriz
que se vende siempre al mejor postor
y esta noche no me apetece aferrarme a utopías.
Mi desengaño es anterior al no existir,
es una redundancia de mi mismo,
y mi desesperanza es incapaz de contenerse
dentro de sus propios límites.
Muerte, sobre la muerte quedo estático.
Vida, sobre la vida nieva allá en tu limbo.
Nieva sobre mí.
Sí, hoy me siento especialmente cansado
y no tengo ganas de seguir emborronando cuartillas.


MARIO BRONTE
(Derechos reservados de Autor)


DESAYUNO CON DIAMANTES (PELÍCULA)

Audrey Hepburn, mi amor de siempre, en sueños y despierto, mi utopía, mi ideal de belleza perfecta, mi ideal de actriz con un talento rayano en lo sublime, mi diosa cinematográfica. El problema es que nunca llegué a ser su mentor en My fair lady (Pigmalión), y que en este caso nunca podré decir, como Humphrey Bogart: siempre nos quedará París. Sólo me quedan tus películas, tus fotos y tu imagen en mis ojos y en mi alma, mi adorada y amada Audrey.
"Breakfast At Tiffany's", más conocida en España como "Desayuno con Diamantes", es una película indispensable de los 60, de obligado visionado, que divierte y se disfruta lo suficiente como para ser un film memorable en todos los aspectos. Además, ciertas escenas justifican todo el propósito del conjunto. Por ejemplo, Audrey Hepburn interpretando ella misma, en la ventana de su habitación, la ya inolvidable canción ‘Moonriver’ de Henry Mancini (que por cierto compone una excelente banda sonora para la película). La belleza de Hepburn, unido a la envolvente melodía y sencillez de la canción, provocando todo esto que Paul deje de escribir precisamente sobre Holly, es una escena fundamental dentro del cine mundial, de absoluta perfección.
Se llevó el oscar a la mejor música y a la mejor canción, 3 nominaciones al oscar (mejor actriz, mejor decoración y mejor guión adaptado) y un Premio Grammy.


domingo, 3 de febrero de 2013

REFLEXIONES SOBRE EL RELATO "DESAYUNO CON DIAMANTES"

El tema de la violencia de género y el maltrato, me repele e indigna enormemente. Por eso, este relato, forma parte de una pequeña colección de relatos y poemas, que sobre esa temática, empecé a escribir hace ya muchos años, en defensa y reivindicación de la mujer y de sus derechos. Llevo años dando recitales de poesía, en los que siempre lucho sistemáticamente por mentalizar a la gente para UNA TOLERANCIA CERO A CUALQUIER TIPO DE SEXISMO O VIOLENCIA SEXISTA, O DE DISCRIMINACIÓN A LA MUJER, o a cualquier otro tipo de marginación u opresión. Ojalá entre todos consigamos erradicar esa vergonzosa lacra social. Este relato va dedicado a todas las mujeres, en general; pero sobre todo, a las mujeres que sufren maltrato físico y/o de cualquier tipo. ¡NO OS RINDAIS NUNCA, NI DEJÉIS DE LUCHAR POR VUESTROS DERECHOS ! Un abrazo muy grande, compañeras del alma...compañeras.

MARIO BRONTE



viernes, 1 de febrero de 2013

NO ME DEJES (NE ME QUITTE PAS)

 NE ME QUITTE PAS, es posiblemente la mejor canción de amor de la historia, compuesta e intepretada por Jacques Brel, un extraordinario cantautor y  letrista, que hace una interpretación prodigiosa de este tema.
No me dejes
Hay que olvidar
Todo se puede olvidar
Lo que ya se fue…
Olvidar el tiempo
de los malos entendidos,
y el tiempo perdido
para aclararlos.
Olvidar esas horas
que mataban a veces
a golpes de porqués
el corazón de la felicidad.
No me dejes…
Yo te ofreceré
perlas de lluvia
venidas de países
donde no llueve.
Yo escarbaré la tierra
hasta después de mi muerte
para cubrir tu cuerpo
de oro y de luz.
Yo haré un reino
donde el amor será rey
donde el amor será ley
donde tu serás reina.
No me dejes…
Yo te inventaré
palabras locas
que sólo tú comprenderás.
Yo te hablaré
de esos amantes
que han visto por dos veces
arder sus corazones.
Yo te contaré
la historia de un rey
que murió por no haber
podido encontrarte.
No me dejes…
Se ha visto a menudo
resurgir el fuego
del antiguo volcán
que se creía demasiado viejo.
Existen tierras quemadas
que dan más trigo
que el mejor abril.
Y cuando viene la noche
para que un cielo arda
el rojo y el negro
¿acaso no se unen?
No me dejes…
No voy a llorar
No voy a hablar
Yo me ocultaré
para mirarte
bailar y sonreír.
Y escucharte
cantar y después reír.
Déjame volverme
la sombra de tu sombra
la sombra de tu mano
la sombra de tu perro.
No me dejes…
JACQUES BREL

IMAGINA (IMAGINE)

"Imagine" es considerada como una de las mejores composiciones de todos los tiempos. En 2004, la revista musical   Rolling Stone la ubicó en la tercera posición de la lista de las 500 mejores canciones de todos los tiempos. La letra de la canción está inspirada en las esperanzas de John Lennon depositadas en una paz mundial, Lennon comentó que la canción era "antireligiosa, antinacionalista, anticonvencional, anticapitalista.
No estamos perdiendo la razón, sólo decimos: "da una oportunidad a la paz" "¿puedes imaginar un mundo sin países ni religiones?"

Imagina que no hay paraíso,
Es fácil si lo intentas,
Ningún infierno debajo de nosotros,
Arriba de nosotros, solamente cielo,
Imagina a toda la gente
Viviendo al día...
Imagina que no hay países,
No es difícil hacerlo,
Nada por lo que matar o morir,
Ni religiones tampoco,
Imagina a toda la gente
Viviendo la vida en paz

Tú puedes decir que soy un soñador,
Pero no soy el único,
Espero que algún día te nos unas,
Y el mundo vivirá como uno solo.
Imagina que no hay posesiones,
Me pregunto si puedes…
Ninguna necesidad de codicia o hambre,
Una hermandad del hombre,
Imagina a toda la gente
Compartiendo todo el mundo...
Tú puedes decir que soy un soñador,
Pero no soy el único,
Espero que algún día te nos unas.

JOHN LENONN (1971)



SOPLANDO EN EL VIENTO

 Blowing in the wind, una enblemática canción para muchos generaciones y también para mí, del dios poeta del rock Robert Zimmerman (Bob Dylan), en versión de Peter, Paul y Mary. Un autentico alegato contra las guerras y las armas que fue compuesta en pleno fragor de la guerra del Vietnam. Canción humanista que defiende valores tales como el derecho a la libertad y a la paz.

¿Cuántos caminos debe un hombre recorrer
para que lo tengan por hombre?
¿Cuántos mares debe surcar una blanca paloma
para poder descansar en la arena?
¿Cuánto tiempo seguirán silbando las balas de cañón
antes de ser proscritas para siempre?
La respuesta mi amigo, esta soplando en el viento.
La respuesta esta soplando en el viento.
¿Cuántos años debe existir una montaña
antes de disolverse en el mar?
¿Cuántos años tienen  que vivir algunas personas
antes de que se les permita ser libres?
¿Cuántas veces puede un hombre volver la cabeza
y fingir que simplemente no ve?
La respuesta mi amigo, está soplando en el viento,
La respuesta está soplando en el viento.
¿Cuantas veces debe mirar un hombre hacia arriba
antes de que pueda ver el cielo?
¿Cuántos oídos debe tener un hombre
para poder escuchar el llanto de la gente?
¿Cuántas muertes más hacen falta
para que sepa que ha muerto demasiada gente?

La respuesta mi amigo, está soplando en el viento,
La respuesta está soplando en el viento.

 

AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;


mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.


Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,


su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado. 


FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS (1580-1645)

SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR LO QUE AMA

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

LUÍS CERNUDA