No sé quién soy. No sé que soy.
No he vuelto a ser el mismo que alguna vez fui.
No soy el que siempre quise ser.
Solo el ritual diario de la decepción consciente.
En medio de una insondable nebulosa de soledad me siento triste.
Sólo existir sin ser o ser sin existir, sobreviviendo a la asfixia de la nada.
Sin lágrimas redentoras.
No sé que fue de entonces.
MARIO BRONTE